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13. Zorra

Y te veo nuevamente ahí, zorra… Tu reputación, a diferencia de que los más compasivos piensan, no te fue concedida en vano. Y lo sé yo, señor de tus actos, lo sé yo, dueño de tus pensamientos, lo sé yo, dictador de tus deseos.


Tu excitación es mi disfrute, siempre estoy disfrutando, es todo un show el ir en el transporte público contigo, el ver como acción tras acción lo único que haces es dejar patente lo perra que eres, no haces más que anhelar esas acciones las cuáles sueles decir que no te agradan, pero no nos engañemos, te pone que te toque entre la multitud, te pone sentir como el mero contacto del dorso de mi diestra sobre tu muslo ya te excita, como esa mano acaba en la parte interna de estos, como sube a tu ingle, y como te tienta en incontables ocasiones, haciendo que te muevas buscando el roce con tu húmedo sexo, recibiendo un buen mordisco en el cuello a modo de reprimenda.


- Disculpa, perrita, pero creo que lo propio no es eso… ¿Y si pruebas a pedirlo como es debido?


Callas y otorgas, te limitas a asentir, te muerdes el labio inferior, te acercas y te atreves incluso a aspirar mi aroma, a susurrármelo al oído. Pero ni tan siquiera eso mereces, perra. Deberías de saber cuál es tu condición, aceptarla y amoldarte a ella. Y no lo haces, y por ello serás castigada.

Lo primero que sientes es un firme azote en tu trasero, aún permaneces de pie pero pronto te insto a que te sientes, haciendo lo propio, junto a ti, pasando un chaquetón por encima.


- Hace frío, ¿Verdad?

- Sí, bueno… Un poco…


Zas. Un nuevo mordisco en tu cuello el cuál deja resbalar alguna gota de sangre la cuál no dejo desperdiciar pues pronto mi lengua, rauda la intercepta. Suspiras de forma agitada, tus pulsaciones se disparan al sentir mi mano sobre tu ropa interior la cual por cierto está empapada. Siento un pequeño bultito, algo que sobresale, pero decido indagar más aún, metiendo esa misma mano bajo tu ropa interior, sintiendo toda la humedad que ahí se desata, pinzando sin dilación alguna tu clítoris, algo lo cuál hace que te sobresaltes, alzas la testa, tus mejillas teñidas de rojo, ardiendo, y la gente preocupada por aquellos sonidos provenientes de los gemidos los cuáles tratabas de acallar.


Qué quieres, ¿Por qué no me lo dices directamente? Sé que lo estás deseando. Sé que así mismo la importancia que puedas darle al que te toque en público es practicamente nula. La gente te ve y se preocupa, te pregunta el por qué el color de tus mejillas, por qué tus nerviosos actos, dices que estás nerviosa simplemente; ¿Sabes lo tentado que estoy de decirles la verdad? ¿No?


Y es en ese justo momento cuándo te cagas en todo lo más sagrado al sentir como retiro la mano para simplemente ponerme en pie y hacer amago de contar lo que está ocurriendo, no sabes bien qué voy a hacer, sabes qué es lo que te gustaría, y no es precisamente el que mintiese, te reincorporas, aún colorada, sudorosa, haciendo amago de decir algo, y cuán grande es tu sorpresa cuándo observas como mi reacción es la de...

Categoría: Arkantos | Ha añadido: fran_balerma (2011-03-22)
Visiones: 678 | Ranking: 5.0/1
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